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El tributo al Metallica, Megadeth, Slayer y Anthrax es hoy en el Molinón.
En una vereda quiteña se ve a cuatro personas. Visten prendas negras matizadas con el logo de algún grupo de rock en las camisetas. Conversan de los conciertos que ha habido en la ciudad; el más penoso, el telonero menos acertado y los que se vienen, entre esos, el que han preparado para esta noche.
Ellos van a ser parte de un tributo a Metallica, Slayer, Megadeth y Anthrax y ese tour de ensueño llamado The Big Four. Pero, ¿será que van a hacer versiones libres del repertorio de estas bandas o será que van a regirse a las partituras originales?
Según Diego Eivar, mentalizador del evento, solo una de las siete agrupaciones de este tributo va a interpretar versiones más extremas de dos temas de Slayer. Las demás se apegarán a lo original.
El organizador asegura esto ya que realizó una convocatoria hace cuatro meses, en la cual se dio importancia, sobre todo, a la trayectoria de los músicos. Cuenta Eivar que había grupos postulantes a los que ‘mismo mismo’ no les salía tan exacto como lo que se esperaría (y por ende, estos ‘chamos’ no estarán en el tributo). Y esque “todo el mundo va a estar ‘pilas’ con las letras y los solos”, complementa James Sloan, vocalista de uno de los ensambles.
Salvo Extreme Attack e Inferyus, el resto de agrupaciones se armaron especialmente para este evento, con músicos de bandas que ya tienen su trayectoria local (son tantas que no alcanzaría el espacio y seria injusto no nombrar a todas).
Pese a que participan tantos grupos, se organizaron de tal forma que no se va a escuchar dos veces el mismo tema. Es que, claro, se conocen bastante bien. Incluso hay quienes ya tienen una amistad de años surgida en los escenarios, o como dice Alfredo Carvajal (usualmente bajista y, en esta ocasión, guitarrista de una de las bandas tributo): “desde que empezó esto”.
La previa “Ensayamos dos veces por semana desde hace dos meses”, señala el guitarrista Iván Pantoja. “Lo más difícil fue acoplarnos con el otro guitarrista por la falta de tiempo. Mucho del ensayo fue por internet”, termina.
Con todo y dificultades, los músicos están entusiasmados por tocar canciones que los han marcado y por compartir tablas con tantos colegas de la escena. “Toparnos entre todos en una sola vez, y medio sobrios, irrepetible”, termina Carvajal.
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