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08:28 | Jueves 16 de Febrero 2012
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Matilda prohíbe la virginidad
Escrito por Pablo Tatés   
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teatro más pequeño Matilda Anatol

Esta es la combi donde se brindan las funciones. Foto: Pablo Tatés/ UN

 

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...el muro cayó,
tenía 18 años, los precios de la comida
en los mercados se quintuplicaron...’

 

 


La Rendija

La historia de Anatol y uno de los teatros más pequeños.

 

Los ciudadanos del otro lado del muro podían hacer andar un coche usando los repuestos de un refrigerador y un par de aspiradoras. Por eso para el pequeño Anatol no sería mayor problema armar solo  la computadora con la que  tanto soñaba.

 

Tenía 14 años cuando recibió de las manos de su padre los componentes para armar una máquina rústica, pero que al final de cuentas funcionaba bien.


El dinero tenía una mínima importancia en su país, la Alemania del Este. Sencillamente no había grandes mercados para el consumo, así que los billetes que la gente ganaba los podía ir guardando para cuando te llegue el turno de tener un vehículo. Había que  inscribirse y esperar un promedio de 20 años para obtenerlo. ¡Oh por Cristo!


Las costumbres en su país giraban en torno al hecho de que el Gobierno subsidiaba las salchichas, las papas, la carne y la leche; la salud y la educación eran gratuitas; y era de considerar un verdadero crimen si la cerveza les llegaba a faltar a los alemanes.

 

A pesar de eso Anatol confiesa que no terminó de seguir una carrera, bueno tampoco tuvo tiempo, el muro de Berlín, el que dividió a Alemania en dos, luego de la Segunda Guerra Mundial, cayó.

 

Él tenía 18 años, los precios de la comida en los mercados se quintuplicaron, todos querían probar cosas como un plátano o una naranja y luego las costumbres, los lugares, las personas se trastrocaron.

 

Los primeros en adaptarse a un sistema donde los billetes pasaron a ser muy preciados fueron los burócratas de los ministerios, los políticos y los poderosos que controlaban a los políticos. ¡Puaf!

 

Anatol era joven como para aguantar eso. Su padre no opinó mucho cuando decidió irse a Portugal, con un sistema parecido al país que sentía perdido, pero su madre sencillamente no quiso hablar más con él.


La Matilda
En Portugal trabajó como técnico de luces y sonido en un teatro, salió de gira para Brasil, a un Festival y ahí se encontró con Consuelo, a la que llama Coco, una ecuatoriana que lo enamoró con la idea de recorrer el continente haciendo teatro.

 

En realidad Anatol se enamoró de ella y de la idea. Él no tuvo problema en vender todo lo que tenía en Portugal y comprase una kombi para irse con Coco a recorrer Latinoamérica y fundar el grupo Sin ton ni son.

 

La kombi fue bautizada como Matilda, durante el viaje se convirtió en el medio de transporte y casa de los enamorados en un viaje que realizaron por Brasil, Argentina, Chile, Perú y Ecuador. El periplo se inició en enero del 2011.

 

Durante el viaje se les ocurrió crear: 'Sonidos de un viaje...', una obra para tan solo tres espectadores por función, lo que convierte a Matilda en uno de los teatros más pequeños del mundo.


La Matilda tiene sus reglas, se las puede observar antes de subirse en ella: está prohibido rezar y ser virgen, la autoridad no es autorizada, no hay cinturones, no son permitidos los malos músicos, no se puede ser sumiso ni autoritario, no hay cómo pararse de manos, no se admiten toros y no se pude gritar.

 

El espectador deberá usar un chaleco salvavidas, Anatol explica que esa es sencillamente una forma de alejarse de lo cotidiano.

 

La Matilda fue adquirida en Brasil, media moribunda, pero a precio bomba. Fue necesario hacerle una buena cantidad de arreglos, como recubrirla con materiales especiales para que el sonido en ella no se escape, adecuar los asientos para el público y rectificarle el motor por última vez, pues con sus 22 años de andar rodando no da más.


Ciudadano
A sus 40 años Anatol ve muy difícil su regreso a Alemania, siendo así se ha declarado ciudadano del mundo, "eso implica escoger el país en el cual quieras vivir", dice. No se habitúa a que lo llamen extranjero.


"Es casi como ser ilegal, los señores burócratas quieren impedir que haya ciudadanos del mundo,  porque quieren que seamos sus ovejitas, consiguen justificar su existencia con nosotros, cuando ya no somos de algún lugar, ya no somos ovejas”, dice Anatol, convencido de que las Alemanias tenían sistemas a ratos dogmáticos, a los cuales él resiste por el mundo.

 

¿Por qué crees que los artistas ponen tantas prohibiciones a sus obras? Déjanos tu comentario


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