|
La banda finlandesa tocó con casa llena el pasado viernes en el Teleférico. Aquí, una crónica en detalle de lo acontecido.
El nivel de aceptación que tiene Apocalyptica en Quito se podía percibir en el olor a embrague de los carros que no encontraban parqueo y que no tenían otra opción que orillarse en plena cuesta a eso de las 20:30 en el Teleférico.
Una vez encaramada la pendiente que lleva al centro de eventos del lugar, algo mojados por la llovizna y con muestras de agotamiento (la loma debe tener 40 grados de inclinación), entraban ordenadamente los amantes del metal con chelos. Eso sí, tuvieron que esquivar una colección de paraguas y cinturones que se amontonaban en la puerta (nota: mejor mójese en el próximo concierto).
A mi llegada, ya se escuchaba Grace y ya había sonado On The Rooftop With Quasimodo. Eso de llegar tarde… Bueno, la cosa es que al ingresar, era fácil entender por qué había tanto carro. La general estaba repleta y en VIP solo había un par de líneas vacías en la parte posterior.
Predominaba el negro, como era de esperarse, pero había algo que llamó mi atención mientras Eicca, Perttu y Paavo daban un golpe de arco en ese acorde característico de Master of Puppets: había gente de toda edad. Gente que hizo de vocalista al unísono sin nada que envidiar a Hettfield de Metallica.
A los tres chelistas los acompañaba Mikko en la batería, quien se ubicó delante de una bandera que ocupaba toda la parte posterior con la portada del último disco de la banda (The 7th Symphony). ¿Y cómo suenan esos chelos en vivo? Tal como en estudio, incluso mejor. Ojo que el lugar tiene un eco no muy amigable con los sonidistas. Pero en esta ocasión, la persona de la consola hizo bien su trabajo.
Otro protagonista en escena fue Tipe, vocalista finés que acompaña a la banda desde hace tres años. Sus interpretaciones de I’m Not Jesus, I’m Not Strong Enough, Life Burns y I Don’t Care hicieron olvidar el hecho de que estos temas fueran grabados por Corey Taylor (Slipknot), Brent Smith (Shinedown), Lauri Ylonen (The Rasmus) y Adam Gontier (Three Days Grace), respectivamente, en las versiones en estudio. ¡Vaya zapatos que llenó el rubio de pelo largo!
La banda escogió su repertorio de tal forma que hubo momentos en donde primó lo melódico y otros, en los que el cabeceo al ritmo del vértigo dejó estragos en la nuca de algunos (un ejemplo, su servidor). En ese contexto, se destacó un solo de Perttu llamado Psalm 1, en el cual, la atmósfera era seducida por las diferentes dinámicas (suaves y fuertes) y la expresión que el músico imprimía en las cuerdas de su instrumento. Las chicas gritaban y arruinaban el momento que, tranquilamente, pudo haberse disfrutado en la Casa de la Música.
En el otro extremo, temas de corte speed metal como Last Hope o Inquisition Symphony dejaron ver la técnica de trémolo perfecta en escalas rapidísimas salidas de las manos de cada chelista.
Tema aparte fue el carisma de los fineses. Eicca, el líder y principal compositor, ayudó a Mikko en el solo de batería al final de Seek And Destroy, se puso un gorrito sacado de algún mercado artesanal quiteño y se atrevió de vez en cuando a cantar. Perttu, se quitó la camisa para el deleite de las damas y era el que más arengaba al público en español y, aunque pronunció ‘Cuito’ en lugar de Quito, se dejó ayudar por la gente para corregirse. Paavo se movía por todo el escenario, elevaba su chelo al cielo, sostuvo una banderita de Ecuador e hizo algunos movimientos pélvicos que, también, motivaron al delirio femenino. Tipe agradeció en perfecto español la hospitalidad quiteña y Mikko era el director de orquesta de los aplausos que acompañaban a la música a lo largo del concierto.
Tuvieron dos salidas falsas. En ambas el público gritó el nombre de Apocalyptica obligando al regreso de los músicos. Cerraron con un emotivo Enter Sandman coreado a 3 mil metros de altura por los asistentes, seguido de la instrumental de Grieg, Hall of The Mountain King. Eicca y Perttu prometieron que no será su última visita al despedirse. Así, se prendieron las luces, la gente se tomaba fotos antes de salir y la cola de automóviles que querían abandonar el parqueadero se hacía interminable. Sin embargo, lejos del agobio del tráfico, el sentimiento general era de satisfacción por aquellas dos horas de alta calidad musical.
El sábado, Apocalyptica posteó en su Facebook que necesitaron “algo de oxígeno extra para recuperar a cierto chelista y cierto baterista. Todos estábamos muertos después del show...”
Más de Apocalyptica:
Apocalyptica, sinfonía rompecuellos
|